Reseña: “Dunkerque”

Dunkerque - poster - Dunkirk

Me encantan las películas que tratan sobre la Segunda Guerra Mundial. Ya lo comenté en la entrada de “El desafío de las águilas”, en España este género simplemente nos fascina y, quizá desde que llegó “Salvar al Soldado Ryan”, una película bélica no había despertado tanta expectación antes de su estreno como Dunkerque. ¿Y bien? ¿Se salva con buena nota para convertirse en un referente cinematográfico o caerá en el olvido de lo indiferente? Aquí van mis impresiones…

Lo primero que diré es que a pesar de haber visto un montón de películas que transcurren en ese periodo de tiempo, no tenía ni idea de la batalla que se desarrolló en esta ciudad del norte de Francia en mayo de 1940. En ese lugar frente al canal de la Mancha, consiguió aislar el ejército alemán a más de 300.000 soldados aliados, de tal manera que estos no tenían más oportunidad de salvación que el ser rescatados en la playa para su evacuación hasta la cercana Inglaterra.

Dunkerque - escenas - scenes - Dunkirk

Sobre el argumento no diré más, se trata de que disfrutéis de la película como yo lo hice, sin spoilers. Lo que sí os diré es que la forma en que es contada la acción, hace que “Dunkerque” sea una historia especial, propia de su director, Christopher Nolan.

Todos los cinéfilos que seguís este blog conocéis sin duda su filmografía. De entre sus obras más aclamadas me quedaría con tres: “Memento”, “Origen” e “Interstellar”. ¿Qué es lo que tienen en común esas tres películas? La estructura en la narración. En la primera, la amnesia que sufre el protagonista sirve de base para que la línea temporal de la acción vuele por los aires y vayamos conociendo su historia a saltos. En “Origen”, su escena final consigue algo prodigioso: asistimos a lo que ocurre dentro de un sueño, que a su vez está dentro de otro, y este último dentro de otro sueño más, yendo cada uno de ellos a una velocidad diferente, una auténtica locura que me maravilla cada vez que la veo. En “Interstellar”, de la que os hablé en esta entrada, vemos cómo el amor de un padre a una hija es capaz de ignorar las leyes del espacio y del tiempo, mediante un viaje espacial a dimensiones desconocidas.

Dunkerque - Christopher Nolan - Dunkirk

Estas tres filigranas salieron de la imaginación de Christopher Nolan. Este hombre consigue que cada vez que nos propone una nueva película esperamos que nos sorprenda como lo ha hecho en esas tres cintas, con una especie de sello de calidad, el sello Nolan”.

¿Tenemos ese “sello Nolan” en “Dunkerque”? Por supuesto que sí. La película nos cuenta los pormenores de esa batalla, pero no lo hace de una manera “normal”, con una línea del tiempo o una estructura narrativa estándar, no. La acción nos llega desde tres puntos de vista diferentes: un piloto de la Fuerza Aérea Británica encargado de eliminar objetivos alemanes, un civil británico a bordo de un pequeño barco que quiere ayudar en lo que pueda y unos soldados aliados atrapados en la playa de Dunkerque esperando ser rescatados. Hasta aquí, nada sorprendente, ni rompedor.

Estos tres puntos de vista nos ofrecen una perspectiva global de la batalla, pero lo que lo que convierte a esta película en especial es que cada una de esas tres tramas tenga una duración diferente: la de los soldados nos cuenta sus peripecias a lo largo de una semana, la historia del británico a bordo del barco dura un día, y la del piloto, sólo una hora.

Dunkerque - tres tramas - three plots - Dunkirk

En el blog amigo y colaborador “Salvando al Soldado Ryan”, comentaba su autor Adonai en el post “El milagro de Dunkerque” que Nolan ha pecado de pretencioso al querer hacer complicada una historia que en realidad es más sencilla y que hubiese sido igual de emotiva sin tanta parafernalia. Para ese blog, el director ha preferido dar más importancia a la forma en que se cuenta la acción que al fondo de la historia, temiendo que este abuso del realizador británico por los artificios pueda terminar por aburrir al espectador.

Mi opinión no coincide con la de este colega cinéfilo. Creo que es precisamente esa forma de contar las distintas historias y su habilidad para entrecruzarlas al final, ese “sello Nolan” del que os hablaba, lo que hace de “Dunkerque” el pequeño tesoro que es. No sé cómo hubiese sido una línea argumental más estándar, pero pienso que el haber hilado las tres tramas de esta manera es lo que hace que el espectador (al menos yo) salga de la sala encantado con lo que ha visto, y feliz de que su director se esfuerce en ofrecer productos que tengan esa marca personal. Puede que ese abuso de estos “trucos” que mencionaba Adonai puedan terminar saturando a los fans del cine de Nolan, pero creo que eso todavía no ha ocurrido y -lejos de hacerlo- con “Dunkerque” confirma su buen hacer y consigue que nos muramos de ganas por saber con qué nos sorprenderá en su próximo proyecto.

Dejando a un lado la forma de la película, su fondo me gustó igualmente. Aquí ya no tenemos esa originalidad, pero “Dunkerque” nos deja un buen sabor de boca. Vemos planos estéticamente soberbios, con un color gris, triste como todo lo que nos cuenta; nos enfrenta a lo que seguramente es una guerra real, un lugar en el que el ser humano hace lo que sea con tal de sobrevivir, algo muy lejano a esas otras películas bélicas que nos muestran lo supuestamente épico y grandioso de un enfrentamiento armado.

En este sentido “Dunkerque” se acerca a lo que vimos en “Salvar al Soldado Ryan” o “La delgada línea roja”, con ese miedo ante una muerte inminente, que nos lleva a presenciar comportamientos más próximos al “mejor que muera él que yo”, que al “muero por mi país”, miserables y mezquinos, pero comprensibles en esas situaciones límite y, por otra parte, perfectamente humanos. La comparación de esta película con la de Steven Spielberg es inevitable y, aunque estamos ante películas en cierta forma diferentes, el particular combate entre ambas se salda en mi opinión con una victoria amplia y merecida para la cinta de Spielberg y su visión del desembarco de Normandía.

En ella teníamos una secuencia inicial que aún hoy sigue siendo simplemente inmejorable, con un retrato del miedo como no hemos vuelto a ver y con un reparto impresionante liderado por un Tom Hanks brillante. En “Dunkerque” el reparto casi es lo de menos. Al optar por mostrar una guerra librada por personas anónimas, las interpretaciones no destacan en particular, salvo la que nos regala el fenomenal Mark Rylance como el inglés que zarpa con su pequeño barco para ayudar a sus compatriotas en las aguas del canal de la Mancha.

Dunkerque - Mark Rylance - Tom Hardy - Kenneth Branagh - Dunkirk

Por otra parte, las otras dos caras conocidas de la película quedaron un poco deslabazadas: la presencia de Kenneth Branagh como el oficial al mando de las tropas británicas resulta ser un quiero y no puedo, con cierta sobreactuación en un papel sin ninguna trascendencia, y la de Tom Hardy como el piloto británico, correcta, pero sin mayor posibilidad de brillar al estar su rostro siempre oculto por la máscara del casco a bordo del avión de combate.

Para terminar, tengo que mencionar el increíble trabajo que ha hecho Hans Zimmer con la banda sonora de “Dunkerque”. Sólo en la escena inicial de la película, Zimmer consigue transmitirnos la tensión y el miedo a ser abatidos por un ejército alemán que, como ocurría en “Senderos de gloria” de Stanley Kubrick, en ningún momento de la película aparecen ante nosotros. Según he leído en este post esa agónica tensión que sentimos al escuchar los temas musicales de “Dunkerque” se produce gracias al “tono Sheppard“, un efecto por el cual la sensación de angustia va in crescendo y que Zimmer ya ha introducido en muchas de sus anteriores composiciones. De hecho, al escuchar los temas de esta su última composición, no pude evitar recordar los que escribió para “Interstellar”, uno de los cuales se escuchan en la escena que os comenté hace unas semanas.

Dunkerque - Interstellar - Hans Zimmer - Dunkirk

Como veis por todo lo anterior, no puedo sino recomendaros que vayáis a ver “Dunkerque”. Su forma de contar la historia y la impresionante factura de sus escenas conseguirán muchas cosas: disfrutaréis del “sello Nolan”, sentiréis la tensión de ser abatidos por soldados que no llegaréis a ver mientras escucháis temas que crisparán vuestros nervios. Pero, por encima de todo, sabréis de un hecho histórico que -al menos para mí- era completamente desconocido.


Dunkerque (“Dunkirk”, Christopher Nolan, 2017)