Festival de San Sebastián: “El autor”

La película que os traigo hoy es importante para mí. “El autor” es la primera película que vi en la edición de este año del Festival de San Sebastián y eso la convierte en especial. Pero, además, el caso es que sin saber absolutamente nada de ella, ni de su reparto, ni de su argumento, me encantó. Ahora os lo cuento con detalle…

Como os ponía en el post anterior, una vez acreditados en el Festival y locos por empezar a ver películas, Adonai, del blog “Salvando al Soldado Ryan” y yo empezamos a filtrar aquellas que nos podían interesar. Una de las primeras en elegir fue ésta de El autor. El motivo de elegirla no fue que la dirigiera Manuel Martín Cuenca (que había conseguido un gran éxito con su anterior cinta “Caníbal”), ni que los protagonistas fuesen tres grandes, Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre y María León, qué va.

La elegimos porque esa mañana queríamos ver tantas cosas, queríamos estar en tantos sitios, que era la que mejor nos encajaba con el horario, ya veis. Después de verla, de disfrutar tanto y de conocer a parte del equipo en la rueda de prensa que dieron a continuación, pensé: “Imagínate que en vez de proyectarse a las 9 de la mañana, la hubiesen programado a las 10. ¡Me la habría perdido! Eso sí que hubiese sido una pena.” Pero me estoy adelantando, vamos por partes.

Hasta dentro de mes y medio “El autor” no se estrenará en los cines. En todo ese tiempo es fácil que lo que leáis sobre ella en este post lo hayáis olvidado. Pero lo que sí me gustaría es que cuando la vieseis anunciar en las carteleras o marquesinas de vuestra ciudad, os sonara que en algún sitio leísteis que estaba bien, que merecía la pena. Con eso me conformo y el post habrá merecido la pena.

La película -siempre, siempre sin spoilers– cuenta la vida de Álvaro (Javier Gutiérrez), un pobre hombre de vida gris que trabaja en una notaría, casado con Amanda (María León), una escritora que está vendiendo libros como churros con su primera novela. El sueño de Álvaro es ser escritor, un buen escritor que haga verdadera literatura, por lo que cada noche acude a un taller de escritura impartido por Juan (Antonio de la Torre), un profesor con carácter y no siempre con el tacto necesario en el trato hacia sus alumnos.

Por una serie de circunstancias, Álvaro se va a vivir solo a un piso en el que quiere dedicarse por completo a su pasión: escribir una gran historia. Pero ahí se encuentra con la temida “página en blanco”, la falta de inspiración, la frustración, la nada. ¿Sobre qué escribir? La comunidad de vecinos en la que vive le saca de esa crisis de ideas: sus vecinos serán los protagonistas del relato que le llevará directo al Parnaso de los escritores.

Hasta ese momento Javier Gutiérrez nos asombra con su versatilidad: primero conocemos al Álvaro sumiso, resignado, a continuación al Álvaro que se sobrepone ante una situación inesperada en su patética vida, para dejar paso a un Álvaro maquiavélico que se marca su objetivo sin importarle los medios para conseguirlo.

El genial retrato de ese personaje es una de esas benditas casualidades en las que la novela (obra de Javier Cercas), la adaptación a la gran pantalla (llevada a cabo por Alejandro Hernández y el propio director Manuel Martín Cuenca) y la interpretación (Javier Gutiérrez) consiguen algo maravilloso: que nos interese lo que le pase al personaje, que nos preocupe su situación y, sobre todo, que nos lo creamos.

Además del fantástico trabajo del protagonista, en “El autor” tenemos un conjunto genial de secundarios. Esa comunidad que puede recordarnos a “La colmena” de Cela con personajes interesantísimos, tiene uno que me cautivó: sólo por la actuación de Adelfa Calvo, en la piel de la portera del edificio, merece la pena ir a ver la película.

Hasta aquí el reparto, pero ¿y la historia? Lo que cuenta “El autor” me resultó original, la sucesión de hechos sorprendía, en ningún momento te daba la sensación de haberlo visto antes y además disfruté muchísimo viendo cómo la historia se iba completando no sólo por lo que veíamos en la trama principal, sino por lo que se nos adelantaba en otras menores. El resultado era un conjunto redondo, sin lagunas. Da rabia no poder desvelar la trama, pero cuando la veáis, os daréis cuenta de lo que intento decir.

Y si el fondo de la historia es original, la forma como se cuenta también: planos chulísimos, composiciones muy cuidadas, una iluminación que nos llevaba directamente a la calurosa Sevilla en la que se desarrolla la película… Pero si me tengo que quedar con algo, sin duda sería con esos diálogos de dos de los personajes en los que únicamente vemos sus sombras proyectadas en el patio interior de la comunidad. Anonadado me quedé.

¿Os extraña que en aquella sala del Kursaal, el Palacio de Congresos y Auditorio de San Sebastián, el público aplaudiera y aplaudiera nada más terminar la película? Claro que no. Todos habíamos disfrutado de una buena historia con muy buenos intérpretes, con mucho humor, sorpresas y giros argumentales. En ese momento (y teniendo en cuenta que habíamos terminado viéndola sólo porque nos encajaba con nuestro horario) yo no podía estar más contento.

Después de la película, y para descubrir un poco más de esa fantástica historia, Adonai y yo nos metimos en la rueda de prensa que ofrecía parte del equipo. Delante de nosotros teníamos al director, Manuel Martín Cuenca, al guionista Alejandro Hernández, al escritor de la novela Javier Cercas, a los intérpretes Javier Gutiérrez, María León, Adelfa Calvo y Adriana Paz, y a José Luis Perales autor de las canciones que se escuchan al principio y al final de la película. De la charla que se desarrolló en esa sala de prensa me quedo con la explicación que el protagonista nos dibujó sobre la evolución de su personaje: el cambio se hace palpable, con unos registros muy diferentes entre sí pero a la vez de una manera paulatina y, bajo mi punto de vista, completamente creíble.

Así que ya veis que la primera experiencia en el Festival de San Sebastián fue un éxito. La ilusión que sentía por estar ahí, por ver una historia tan acabada, sorprendente y divertida, hizo que la sonrisa se instalara en mi cara. Lástima que esa felicidad sólo durara el tiempo que tardó en empezar la siguiente película, pero otra vez me estoy adelantando, eso lo dejo para el siguiente post. De éste, quedaos con esta recomendación: si tenéis oportunidad, no dejéis de ver “El autor”. Estoy seguro de que la disfrutaréis.


“El autor” (Manuel Martín Cuenca, 2017)

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